Desastre PISA, cero extrañeza
Los responsables del informe se muestran sorprendidos por la poca importancia que parte de las familias españolas dan a las buenas notas.
"Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida", dijo Mario Vargas Llosa en la solemne ceremonia en la que recibió el premio Nobel de Literatura. Es triste imaginar qué dirán algunos de los niños criados con el móvil: "No sé quién puso en mis manos la primera tableta. Tenía dos años y no puedo recordarlo". Los responsables del informe PISA, que ha certificado un desastre general para el alumnado español en lectura, matemáticas y ciencias, se muestran sorprendidos por la poca importancia que parte de las familias españolas dan a las buenas notas y a la exigencia académica –parece que se nos ha ido la mano en la obsesión por mantener a los niños a salvo de cualquier frustración–. Y así avanzamos con una mochila cargada de factores explosivos.Entre ellos, una ley educativa que convierte el paso de curso en un engañoso trampantojo que perjudica, al final, a los estudiantes con menos recursos. Una ley, la Lomloe, cuyos objetivos principales definía así la entonces ministra, Isabel Celáa, en una entrevista con 20minutos en 2020: "Una enseñanza personalizada, inclusiva; una enseñanza para el desarrollo sostenible; una coeducación, y una digitalización máxima". ¿De verdad estos principios rectores de una ley que nació sin consenso sirven para la adquisición de conocimiento y competencias, o más bien no? Otra zancadilla a un aprendizaje sólido es la idolatría de los políticos y las familias españolas por las pantallas. A principios de este siglo, pese a las críticas de una minoría de educadores, Aragón ofrecía un ordenador por estudiante en el aula. Décadas después, con el impacto negativo de la inteligencia artificial–ese ‘sirviente’ que te puede hacer los deberes sin que tú apenas muevas un dedo–, la comunidad educativa ha empezado a recorrer el camino inverso.El informe PISA no debe ser magnificado, pero sí da pistas para el camino a seguir. Pese a que han descendido, como el conjunto de las autonomías, Madrid es la mejor puntuada –con sus alumnos 50 puntos por delante de los del País Vasco– y Castilla y León aparece siempre en los puestos de cabeza. Ambas comunidades aplican refuerzos y repasos en cálculo y lectura en línea con las recetas de la OCDE para mejorar los resultados.Factores como el alumnado inmigrante, por su desconocimiento del idioma, han estado en la base de la exclusión de Cataluña del estudio por haber dejado fuera de la muestra a más escolares de lo permitido, lo que falseaba los resultados. Pero los datos finales de otras autonomías demuestran que no son determinantes, y lo mismo sucede con la inversión: el País Vasco, con la educación mejor financiada, está a la cola en la evaluación, y Valencia tiene carencias inversoras y se sitúa a la cola de la clasificación.Estudiado el informe PISA, suscita cero extrañeza y unas conclusiones básicas: una sociedad y familias más implicadas, objetivos más exigentes, espacios libres de pantallas y un profesorado cualificado, apoyado para la complejidad de las aulas, bien remunerado y valorado socialmente son condiciones imprescindibles para remontar el bache educativo.
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