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Trabajar como enfermeras al pie del Tarajal y tener que ir escoltadas por la inseguridad: "Nos tranquiliza, pero queremos certezas"

Trabajar como enfermeras al pie del Tarajal y tener que ir escoltadas por la inseguridad: "Nos tranquiliza, pero queremos certezas"

Las visitas domiciliarias del equipo de enfermería del centro de salud del Tarajal se realizan acompañadas por miembros de seguridad privada. Desde el 30 de julio, muchos de los usuarios habituales que presenciaron la entrada no han podido desprenderse de una sensación de "angustia y cierta ansiedad".

El pasado 31 de julio no solo marcó un antes y un después para los ceutíes, sino también un punto de inflexión para el equipo de enfermeras que trabaja al pie de la frontera, en el centro de salud que lleva su mismo nombre: el del Tarajal. La situación de estas profesionales es tan desesperada, que fuentes vinculadas a los principales sindicatos que las representan, Satse y Csif, han decidido contar a 20minutos cómo se han modificado sus rutinas desde la entrada masiva de migrantes acontecida hace casi seis semanas.Un día después de la "invasión", el 31 de julio, una de ellas, son una docena, se vio "rodeada por jóvenes migrantes mientras acudía a una visita domiciliaria en el barrio del Príncipe Alfonso", explican. Ya entonces tenían la orden de "hacer solo lo imprescindible, pero iba a una cosa importante. No pudo llegar. Con el vehículo rodeado, llorosa y presa de los nervios", la profesional tuvo que regresar. De poco sirvió que vistiera el uniforme que la identificaba como sanitaria. Fue entonces la primera vez que estas aguerridas mujeres, con experiencia y veteranía, solicitaron protección a la Delegación del Gobierno para realizar las visitas domiciliarias imprescindibles. Y fue también la primera que con las mismas se la denegaron. "No se negaban a trabajar, solo querían proteger su integridad", explican quienes les dan voz a lo largo de este reportaje. Ellas no han podido hacerlo en primera persona para evitar represalias. Este grupo de veteranas no ha tenido problemas jamás en el Príncipe "porque saben que van a curarlos", pero el hecho de solicitar algún tipo de soporte les granjeó las primeras descalificaciones de "racistas y xenófobas". Eso a pesar de que durante las primeras semanas hicieron frente a la situación y siguieron atendiendo a los pacientes de siempre y también a los recién llegados con el mismo personal. A pesar de la "inseguridad", el Ingesa (el Instituto Nacional que gestiona la Sanidad en Ceuta y Melilla) denegó incluso la posibilidad de salir por parejas a las visitas domiciliarias: ya entonces se hacía solo "lo importante y los pacientes inmovilizados".La situación, cuentan sus representantes, obligó a estas mujeres, de las que nueve salen a la calle, a dar un golpe en la mesa y suspender durante una semana las visitas a los domicilios. "No abandonaron a sus pacientes, mantuvieron el contacto telefónico, les daban las instrucciones y preparaban el material para que los familiares lo recogieran en el centro". Solo entonces, una vez materializada su amenaza, lograron que se les asignara la escolta. A día de hoy salen en dos turnos a la calle (de 8.00 a 11.30 horas y de 11.30 a 14.00 h), por parejas, y cada uno de ellos provisto de protección.La presencia de los escoltas, uno por turno, les ha dado "tranquilidad", pero carecen "de certezas". De entrada, no saben por cuánto tiempo se prorrogará su presencia. Los sindicatos hablan de una semana prorrogable, mientras que otras voces lo retrasan, al menos, hasta octubre. Por eso sus representantes mandan un mensaje a sus pacientes: "Que protesten y presionen" para que el Ingesa mantenga la presencia de los escoltas y, con ellos, la garantía de que las visitas domiciliarias no se suspenderán.Una imagen de "pesadilla"Quienes estaban en el centro de salud del Tarajal el día de autos lo recuerdan como una "estampa de película", una imagen "superimpactante, que pensaron que era una pesadilla". Y no es para menos. El equipo de 20minutos desplazado a Ceuta ha accedido a este ambulatorio, desde cuyos ventanales se tiene una panorámica impresionante de la frontera. Por eso, desde aquellos días, muchos de los usuarios habituales que presenciaron la entrada no han podido desprenderse de una sensación de "angustia y cierta ansiedad".La ciudad autónoma ha recibido 45.000 dosis de vacunas para administrar a los 5.000 migrantes que, según datos oficiales, permanecen en CeutaPero mientras los más intentan borrar de su retina aquellas imágenes, los sanitarios del centro las reviven a diario. No solo han aumentado las curas y asistencias por la recepción de los recién llegados, sino que las heridas infectadas, la sarna o la varicela se han instalado en su 'nueva normalidad'. También la de acudir al CETI para administrar las "45.000 dosis de vacunas que han llegado" de la Península. Una cifra sorprendentemente elevada cuando, según datos oficiales, en Ceuta solo permanecen 5.000 de los 80.000 migrantes que se estima entraron a la ciudad autónoma en las últimas 48 horas del mes de julio.
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