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'Boom' de las piscinas de agua salada en España: "El 90% de las nuevas lleva un clorador salino"

'Boom' de las piscinas de agua salada en España: "El 90% de las nuevas lleva un clorador salino"

Profesionales del sector aseguran que este producto lleva unos 15 años en fase de expansión, pero hubo un claro punto de inflexión que fue la pandemia.

Adiós a los ojos rojos, al fuerte olor a químico y al esclavo del mantenimiento diario. El sector de la piscina en España vive una revolución que se debe a la comodidad y la salud. Las piscinas de agua salada, por el uso de cloradores salinos, han dejado de ser una excentricidad para convertirse en la norma, protagonizando un auténtico boom tras la pandemia.El mercado de las piscinas parece haber cambiado de forma definitiva: la cloración salina es el presente y el futuro. "Es el producto más vendido con mucha diferencia", asegura Israel Ruiz, socio de Innowater, empresa española especializada en la fabricación de estos sistemas, a 20minutos. Las cifras que manejan los fabricantes no dejan lugar a dudas.Según Ruiz, "el 90% de las piscinas nuevas lleva un clorador salino". Una tendencia que además refleja que no solo tienen clientes individuales, también las comunidades y las piscinas públicas se han sumado a esta forma de mantener las piscinas: de sus últimas 50.000 ventas, el 80% han ido a parar a uso residencial e individual y el 20% restante para comunidades e instalaciones públicas.Por ejemplo, municipios madrileños como el de Boadilla del Monte y Parla tienen una piscina municipal con este sistema y no solo en la capital. La de Alconcera en Badajoz o Juzbado en Salamanca son otros ejemplos.El 'boom' tras la pandemia y el crecimiento sostenidoAunque el sector lleva unos 15 años en fase de expansión tanto en España como en Europa, hubo un claro punto de inflexión que fue la pandemia. Así lo confirma Eduardo Martín, de TEAP, empresa pionera que lanzó la marca Saliclor y su clorador salino hace más de dos décadas."La pandemia fue el punto de inflexión en este mercado, que ya llevaba bastantes años creciendo, pero se consolidó en ese tiempo", explica Martín. Los datos respaldan esta teoría: en 2021, con la población redescubriendo el valor de sus hogares, "el sector experimenta un importante incremento en ventas, del entorno del 20%". Desde entonces, la fiebre se ha estabilizado, pero mantiene un crecimiento acentuado de entre el 5% y el 10% anual.Agustí Ferrer, presidente de ASOFAP (la patronal española del sector de la piscina), coincide en el diagnóstico temporal. Para la patronal, la salinización es un "producto transversal" cuyo aumento se ha producido en todo tipo de piscinas a lo largo de la última década, aunque reconoce que "en los últimos cinco años, tras la pandemia, es mucho más acentuado".El secreto de este éxito: la automatización y comodidad¿Qué empuja a miles de propietarios a descartar el cloro tradicional? La respuesta se resume en una palabra: despreocupación. "El usuario desea disfrutar de la piscina sin preocuparse tanto por el mantenimiento constante, y el clorador salino resuelve este problema", resume Ferrer. El presidente de ASOFAP explica el sencillo principio físico que esconde esta tecnología: "Por productos eléctricos, la sal se convierte en cloro".Al estar automatizado, el sistema "no derrocha, ya que dosifica en función de lo que necesita y optimiza el producto". Ferrer hace una puntualización clave para desmitificar el proceso: "Aun siendo también cloro lo que sale, al fin y al cabo, si tú tienes un producto automatizado y lo dosifica, entonces es mejor para la salud. Si lo haces manual, lo puedes hacer mal". Israel Ruiz, de Innowater, lo resume como la combinación perfecta: "Junta comodidad y seguridad".Salud para la piel y el bolsilloMás allá de la comodidad técnica, el usuario final percibe cambios muy perceptibles. Eduardo Martín subraya que los clientes valoran enormemente "la no utilización de productos químicos, la sensación más agradable para la piel y que esta no se irrite, y la misma sensación para los ojos". Ruiz lo corrobora: "Mejora mucho la calidad del agua".Pero ¿qué hay del coste? Sustituir el tradicional bote de pastillas por un sistema tecnológico requiere una inversión. Martín reconoce que el mayor inconveniente es "el desembolso inicial, y la conveniencia de contratar a un profesional que lo instale para evitar problemas".Sin embargo, los números acaban cuadrando. "A largo plazo, la cloración salina sale más rentable", afirma Martín. Tras la compra del equipo y los sacos de sal iniciales, "el coste posterior es más bajo, ya que solo hay que cambiar el electrodo cuando se consuma (entre 3 y 5 años, dependiendo del uso y del agua) y rellenar de sal cuando haga falta". Como añade Ruiz, "la sal es muy barata y es más barato de mantener esto que el cloro".Un buen negocio con gran horizonteCon el inmenso parque de piscinas construido en España, la transición ecológica hacia la sal "es un buen negocio por el gran parque de piscinas que hay en España", admite el portavoz de Innowater.El margen de crecimiento sigue siendo abrumador. Desde TEAP, Eduardo Martín dibuja un horizonte inmejorable a corto y medio plazo. Aunque manejan cifras de nueva instalación ligeramente más conservadoras que Innowater (estimando que más del 60% de las nuevas construcciones lo incorporan), el verdadero motor del sector está en la renovación."Del total de piscinas existentes, todos los años hay una reconversión a cloración salina de entre el 2% y el 3%", detalla Martín. Un goteo constante que asegura que las estimaciones de venta sigan ancladas en un "crecimiento sostenido". La pastilla de cloro tiene los días contados.
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