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Pillion, esa dom-com

Pillion, esa dom-com

No es una película "sobre el BDSM" en el sentido de querer explicar esa práctica o representar a una comunidad. Es una historia sobre descubrir quién eres y qué estás dispuesto a aceptar.

Cuando alguien dice "comedia romántica", la mayoría pensamos en dos personas que se conocen por casualidad, se enamoran, se enfadan por un malentendido y terminan besándose bajo la lluvia. Hollywood ha perfeccionado esa fórmula durante décadas. Pero ¿y si la historia de amor gira en torno a una relación de dominación y sumisión entre dos hombres? Pues resulta que también puede ser una comedia romántica. O, mejor dicho, una dom-com.Ese es precisamente el término con el que se ha bautizado Pillion, una de las películas más comentadas del cine independiente reciente. El juego de palabras ha hecho fortuna porque resume bastante bien lo que propone la cinta, es decir, una romantic comedy (rom-com) atravesada por una relación dom-sub (dominación y sumisión).Una historia de amor... diferenteBasada en la novela Box Hill, de Adam Mars-Jones, Pillion sigue a Colin, un hombre tímido que inicia una relación con Ray, un motorista carismático y dominante. Colin acepta un papel claramente sumiso dentro de la pareja, pero la película utiliza esa dinámica para hablar, sobre todo, de identidad, autoestima y crecimiento personal.No es una película "sobre el BDSM" en el sentido de querer explicar esa práctica o representar a toda la comunidad. Es, ante todo, una historia sobre descubrir quién eres y qué estás dispuesto a aceptar en una relación.En inglés británico pillion es el asiento trasero de una motocicleta y, por extensión, quien viaja en él. La metáfora resulta bastante evidente: durante buena parte de la historia, Colin parece limitarse a ir de pasajero en la vida que otro ha diseñado para él. La cuestión es si terminará cogiendo el manillar.Durante años, el BDSM ha aparecido en el cine casi siempre asociado al escándalo o al misterio. Ahí están Secretary (2002), que convirtió una relación de dominación en una peculiar historia de amor; The Duke of Burgundy (2014), mucho más intimista y elegante; o el fenómeno comercial de Cincuenta sombras de Grey (2015), probablemente la representación más conocida, aunque también una de las más discutidas por especialistas y miembros de la comunidad BDSM.Más recientemente, Babygirl (2024) volvió a explorar las dinámicas de poder desde otro ángulo, centrándose en el deseo femenino y las relaciones de autoridad.Pillion se suma a esa conversación, pero lo hace desde un lugar poco habitual, el de la comedia romántica. En lugar de presentar la dominación y la sumisión como algo oscuro o escandaloso, las integra en una historia divertida, tierna y, por momentos, sorprendentemente cotidiana.Quizá por eso la etiqueta dom-com funciona tan bien. No solo describe una película, anuncia que incluso uno de los géneros más clásicos del cine todavía puede encontrar formas nuevas de contar una historia de amor.
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