De wokismo y de frikismo
"Una parte importante de la izquierda sociológica negará que ha abrazado el wokismo, como una buena parte de la derecha no aceptará que duerme en brazos del peor frikismo".
Se ha abierto paso, sin pausa y con prisa, un culto imparable a la estupidez, no solo en España, tierra propensa a compensar lo mejor con lo peor, sino en todo el mundo. Nuestra vida cultural y política está impregnada de una noción falsamente democrática de que la ignorancia nos hace iguales. Tanto es así que, al final, la democracia deviene en dictadura del bobo, lo que ha permitido que el wokismo y el frikismo hayan llegado al poder.Parece claro que el núcleo del fenómeno arraiga en las televisiones y en las redes sociales. Pero no es culpa de los idiotas, ni siquiera de los medios tecnológicos de distribución de sus basuras, sino de una buena parte de la sociedad que los vitorea. Si, según Unamuno, un pedante es un tonto estropeado por el conocimiento, un friki vendría a ser un extravagante deteriorado por la falta de conocimientos, y un consumidor de pensamiento woke un mediocre aburrido con propensión a hacer el ridículo diariamente.En el binomio clásico de las sociedades escindidas, el wokismo ha sido patrimonio de la izquierda y el frikismo comienza a ser un legado de la nueva derecha. De allí que puedan ser presidentes de grandes países desde el Joker hasta el Capitán Trueno. Lo peor de todo es que nadie se escandaliza, ni siquiera cuando, en el Reino Unido, un tipo llamado Conde Cara Cubo de Basura, porque lleva la cabeza oculta por el "ídem", obtiene cerca de una cuarta parte de los votos de su circunscripción. El futuro está aquí, como en Black Mirror, y lo que antes era un cómic o una tira de "pulp fiction", ahora se ha convertido en una realidad entrópica.De Colombia a Estados Unidos, pasando por unos cuantos Ayuntamientos y Comunidades Autónomas en España, hay frikismo a granel. Que haya frikis en bodas y bautizos, entra dentro de lo normal, porque el riesgo está acotado. El problema es cuando el friki se convierte en presidente de un Estado o de una Diputación Provincial, porque, sin rubor, aplica su estupidez sobre el censo electoral o sobre el padrón municipal.Por eso, me estremece contemplar cómo, tras la ocupación troyana de Ceuta, un grupo de frikis peninsulares decidieron invadir nuevamente la ciudad española en busca de "likes". Porque, y el que avisa no es traidor, más de uno está preparando el asalto al Congreso de los Diputados. Puedo entender que haya opciones políticas tradicionales que inviten a la desmovilización, pero me cuesta entender que las alternativas sean las comadres y los compadres de los "Cuatro Fantásticos".No será porque en España no hayan probado suerte partidos extravagantes: el Partido del Bien, Ciudadanos Agobiados y Cabreados, La Sandía con Tres Avances, el Partido del Mutuo Apoyo Romántico, la Reforma del Estado de Nostradamus, la Unión de Cinturones Apretados o el Gitano de Balaguer. Por no hablar del Partido del Karma Democrático con propuestas surrealistas como el pago del sueldo de funcionarios públicos con corticoles, y la promesa en su programa de sustituir el plan Ibarretxe por el «plan Eskabetxe». Su lema era «Bilbao, paraíso fiscal: el voto inútil, el voto como tú».Una parte importante de la izquierda sociológica negará que ha abrazado el wokismo, como una buena parte de la derecha no aceptará que duerme en brazos del peor frikismo. Por desgracia es así, y no hay visos de que nada vaya a cambiar, por lo que hemos de estar preparados. Preparados para que Nemo sea Ministro de la Marina y Dora, la Exploradora, Ministra de Medio Ambiente. Al tiempo.
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