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Dolly Parton, o el arte de hacer del mundo un sitio para todos

Dolly Parton, o el arte de hacer del mundo un sitio para todos

En Dolly podían encontrarse la teatralidad, la ternura, la independencia, el humor y esa voluntad de construirse a uno mismo incluso cuando el lugar de origen parece decirte que no puedes.

Hay personas que consiguen hacerte sentir que hay más espacio en la vida para ti del que el mundo quiere hacerte creer. Personas cuya sola existencia parece decirte que puedes ser más libre. Para muchas personas LGTBIQ+, Dolly Parton fue exactamente eso.Parton no necesitó convertirse en una activista política convencional para ser una figura profundamente querida por la comunidad. Su relación con el público gay y trans se construyó durante décadas a través de algo que ella convirtió casi en una filosofía vital, la empatía, la libertad y la convicción de que nadie debería ser juzgado por ser quien es.En un universo como el country, tradicionalmente asociado a valores conservadores, Dolly representó una forma distinta de entender Estados Unidos. Su imagen exuberante, su feminidad deliberadamente exagerada, su humor y su extraordinaria capacidad para reírse de sí misma hicieron de ella una figura queer-friendly mucho antes de que muchas grandes estrellas comprendieran la importancia de posicionarse. Pero detrás del personaje había también una defensa explícita de la comunidad. Ella apoyó el matrimonio igualitario y se posicionó contra las leyes de Tennessee contra las personas trans. Siempre habló de sus amigos, familiares y trabajadores LGTBIQ+ desde el afecto.Su canción Travelin' Thru, escrita para Transamerica, acompañó además una de las primeras grandes historias cinematográficas sobre una mujer trans en el cine estadounidense. Y Rainbowland, junto a Miley Cyrus, volvió a reivindicar la convivencia entre personas diferentes como algo natural, deseable y hermoso.Por eso Dolly llegó a significar tanto para quienes crecieron sintiendo que no encajaban. No porque pretendiera hablar por ellos, sino porque parecía decirles, con su propia vida, aquí cabes tú también. En ella podían encontrarse la teatralidad, la ternura, la independencia, el humor y esa voluntad de construirse a uno mismo incluso cuando el lugar de origen parece decirte que no puedes.Tras su muerte, Jane Fonda, su amiga y compañera en 9 to 5, puso palabras a algo que durante años había estado presente en la relación entre Dolly y su público. En su homenaje publicado en Instagram, Fonda escribe: “A su público gay y trans, quiero que sepáis que ella os quería. Y lo sabéis sin que yo tenga que decíroslo.”La frase conmueve precisamente porque no parece necesitar explicación. Dolly no tenía que demostrar que quería a ese público: millones de personas LGTBIQ+ ya lo habían sentido. Su legado no está únicamente en sus canciones, sus películas o sus obras filantrópicas, sino en esa sensación íntima de haber encontrado a alguien que, desde un lugar inesperado, te decía que tu diferencia no era un defecto.Quizá por eso, cuando desde la comunidad se habla de Dolly, aparece una idea una y otra vez, ella hacía que el mundo pareciera un poco más grande. Más grande para ser raro, para ser sensible, para ser extravagante, para amar a quien quisieras y para inventarte una vida que se pareciera a ti.Hay personas que hacen eso. Personas que, sin conocerte, consiguen que sientas que hay un lugar para ti. Dolly Parton fue una de ellas. Y para muchas personas LGTBIQ+, ese lugar que ella abrió seguirá existiendo mucho después de que ella se haya ido. Gracias, Dolly.
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