Yo, Pierrot
Quererte así, aunque duela, es la forma más honesta que conozco de amar.
Qué tan enamorada de alguien tienes que estar para conformarte con ser solo amigas, ¿verdad? Tan enamorada como para quererte en mi vida, aunque no sea en la forma que soñaba. Tan enamorada como para tragarme el deseo, bajar el volumen del cuerpo y subir el de la presencia. Tan enamorada como para elegir quedarme, aun sabiendo que eso duele más que irme.Porque conformarse con ser solo amigas no es falta de amor. Es amor en su versión más madura y más injusta. Es querer tanto que prefiero tenerte cerca, aunque sea sin besos, antes que perderte del todo.Así que sí, aquí estoy. Queriéndote de una forma que no se enseña, que no se presume, que no se explica bien en voz alta. Y menos yo, que no soy muy de hablar. Queriéndote en silencio cuando toca, mordiéndome la lengua cuando el cuerpo pide sacarla a pasear por toda tu piel y hacerle el amor a cada cicatriz que guardes. Queriéndote incluso cuando tengo que llamarte amiga para no romper nada.Pero que nadie se confunda: yo no te quiero a medias. Yo me quedo porque te quiero entera, aunque no me pertenezcas. Porque hay amores que no necesitan permiso para existir, solo valor para sostenerse sin hacer ruido.Y si algún día el mundo se recoloca, si alguna vez tus miedos se cansan antes que mis ganas, aquí estaré. No reclamando nada ni exigiendo nada. Solo con el mismo amor limpio con el que hoy me quedo, con el que te conocí, con el que nos besamos aquellas dos tardes de otoño.Quererte así, aunque duela, es la forma más honesta que conozco de amar. Y quizás no era nuestro momento, pero sin duda eras tú. Así que hasta que al universo se le antoje ponernos en sintonía, yo me guardo esa sonrisa tuya como prueba de que el amor existe, de que lleva bordado tu nombre. Y por eso se me antoja que seas mi obra maestra. No por ser perfecta, sino por lo viva que estás. Por esa forma tuya de provocarme sin tocarme, de invitarme a perderme sin pegarme un empujón. Se me antoja pecar contigo como se peca en las cosas bellas: despacio, con hambre y con respeto, dejando que el deseo haga su trabajo sin prisas ni alardes. Pero que lo haga de una buena vez.A ti, que eres poeta, te escribiría sin papel. Te compondría versos con la boca cerca, con la respiración compartida, con esa liturgia íntima que solo se da cuando dos cuerpos deciden escucharse. Haría de tu piel un idioma y de mis silencios una forma de decirte todo.Se me antoja dibujar en tu espalda la trama completa de una novela solo a base de caricias, esconder mensajes secretos en tu pelo, dejar pistas en cada gesto para que me leas cuando cierres los ojos.Y que cuando nuestros gemidos se encuentren sin ruido y sin exhibirse en exceso, ese sea el final de la historia. Pero no porque se acabe, sino porque ya no haga falta escribir nada más.Porque algunas obras no se miran, se sienten. Y eso sí que es una buena obra maestra. © Sara Levesque
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