La "cara b" de las catástrofes
"Ya sean incendios, inundaciones, terremotos o incluso la invasión ceutí, la melodía que apenas se ha escuchado es la que tiene que ver con el impacto sufrido por autónomos y micro pymes".
La mayor parte de los jóvenes empresarios, por edad, no vivieron las casetes de música. Por eso me permito recordar a mis colegas que ese formato para escuchar música que hasta el año 2000 era habitual tenía dos caras, en la primera —conocida como "cara a"— aparecían las canciones más conocidas para poner en la otra cara otros temas que acababan pasando desapercibidos. Normal, porque para escucharlos había que dar la vuelta a la cinta en el aparato reproductor.Tengo la sensación como empresario que algo así está pasando este verano con las catástrofes que han asolado España. Ya sean incendios, inundaciones, terremotos o incluso la invasión ceutí, la melodía que apenas se ha escuchado es la que tiene que ver con el impacto sufrido por autónomos y micro pymes. En los pueblos de Ávila, Madrid, Castellón, Almería, Huesca o Tarragona hemos visto el bosque quemado, las casas devastadas y los vecinos apesadumbrados. En diferentes localidades de Granada las grietas y los cascotes han quedado en nuestra retinas; en Valencia las calles anegadas y los coches flotando y en Ceuta las playas tomadas por la muchedumbre migrante.Por supuesto que la noticia ha sido todo lo anterior y es normal que hayan copado los titulares de esos episodios extremos como las canciones de la cara a de las cintas con las que yo escuchaba música cuando era un adolescente. Pero hay otra realidad tan importante como esas imágenes tan repetidas estos días que no puede quedar opacada. No podemos permitirnos que los pequeños empresarios damnificados de todas esos municipios sean la "cara b" de estas catástrofes.Las tiendas, bares, así como talleres u hostales de estos lugares de España afectados por los sucesos luctuosos de los últimos meses han sufrido como nadie. Detrás de cada uno de esos pequeños negocios hay un autónomo que no ha podido abrir la persiana, que seguramente ha perdido miles de euros, que no sabe si eso le impedirá seguir y terminará cerrando.Hace muchos años se puso en marcha una campaña publicitaria cuyo lema era "Donde hay comercio hay vida". La consejería de promoción económica de un gobierno autonómico de la época quería concienciar a la sociedad de la importancia de tener tiendas en las calles. La existencia de comercios en una localidad garantizaba una infraestructura básica para la vida ciudadana, al mismo tiempo que generaba empleo, riqueza por el flujo económico de proveedores y clientes, sin olvidar la seguridad que supone una tienda iluminada y frecuentada.El tema que debería estar sonando en todos los terminales mediáticos y en las redes sociales podría ser la actualización de esa campaña de modo y manera que se repitiese hasta hacerse viral "donde hay autónomos, hay pueblos". Sin todos esos sufridos empresarios que han visto sus explotaciones quemadas, sus locales comerciales anegados, sus industrias cerradas al tráfico o sus tiendas protegidas por militares, no hay territorio que resista.Por eso he echado de menos estos días anuncios de moratorias fiscales para los dañados o planes de choque para compensar las pérdidas con las obligaciones tributarias y con la seguridad social. Por no hablar de la suspensión de toda burocracia a estos valientes.Las catástrofes pasarán, los bosques crecerán, las calles se limpiarán, los edificios se apuntalarán y hasta Ceuta volverá a ser una ciudad tranquila, pero cientos de empresarios —muchos de ellos jovencísimos— no se recuperarán de los incendios, inundaciones, terremotos o de crisis migratoria. Dejarán esos sitios donde emprendieron para quizás jamás volver a ser autónomos, otros preferirán la previsibilidad de una gran urbe para empezar de nuevo o languidecerán durante años hasta poner un día en su escaparate un cartel que rece "a quiebra por la catástrofe". Qué decir de los tantísimos que ni siquiera comenzarán una aventura empresarial tras ver la crudeza de dedicarse a ello.Pocas dudas albergo de que todos ellos no abrirán los noticieros ni acumularán visualizaciones en ninguna red social, sin embargo, sí tendrán un impacto en las vidas de cientos de miles de españoles, en especial de esa parte de nuestro país que se ha bautizado como vaciada. Entonces, sin todos esos trabajadores por cuenta propia en decenas de municipios, empezará a tener sentido de verdad la expresión de vaciada. Porque "donde no hay comercio, no hay vida".Antonio Magraner es empresario y presidente de CEAJE (Confederación Española de Jóvenes Empresarios)
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