Qué implica que el Gobierno 'convocara' a la embajadora marroquí y cuáles son las diferencias con 'llamar a consultas'
La actuación del Gobierno "convocando" a la embajadora marroquí es la forma menos grave que se toma cuando existe una crisis bilateral entre Estados.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desvelado en la comparecencia ante el Congreso de los Diputados para informar sobre la crisis migratoria en Ceuta que el pasado 21 de agosto el Gobierno convocó a la embajadora de Marruecos por unas "inaceptables" declaraciones sobre Ceuta y Melilla. En esta no ha aclarado por qué no se comunicó públicamente ni qué miembros de Exteriores la recibieron. Estas palabras a las que se refiere el presidente del Gobierno son las de los ministros marroquíes de Justicia, Abdellatif Ouahbi, y de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, en las que reivindicaban la soberanía o la liberación de Ceuta y Melilla. Aquellas declaraciones fueron rechazadas tajantemente por el Gobierno y propiciaron la convocatoria de la embajadora marroquí, Karima Benyaich.En términos de diplomacia internacional, un embajador es, según la RAE, "la persona con el mayor rango en el servicio diplomático, que representa ante otros Estados al Estado que la nombra". Dicho de otro modo, es el máximo representante oficial de un país en una nación extranjera. Por su rango, ante situaciones de crisis, se recurre a este puesto para mostrar la contrariedad ante la actitud mostrada. Ante ello, existen diferentes formas de obrar dependiendo de la gravedad que se quiera ejecutar: convocándole, llamándole a consultas o retirándole permanentemente, siendo el último escalón el romper las relaciones.Convocar a un embajador, la más leve de todas las medidasLa actuación del Gobierno "convocando" a la embajadora marroquí es la forma menos grave que se toma cuando existe una crisis bilateral entre Estados y es el acto institucional más frecuente. Para ello, el Ministerio de Asuntos Exteriores correspondiente convoca a su sede al embajador de otro país para expresar su descontento. De esta forma, se les puede transmitir la queja de forma verbal o a través de un documento, conocido como "nota verbal". Además, si se cita a algún funcionario de mayor o menor grado, se consigue matizar el mensaje que se quiere enviar. En el pasado, el Gobierno español ha tomado esta medida en otras crisis diplomáticas. Una de ellas fue en 2017, cuando se convocó al embajador venezolano tras las acusaciones de Maduro al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de tener presos políticos. Más reciente y recordada fue en las tensiones con Israel en 2023, cuando ambas naciones convocaron a sus respectivos embajadores.Llamar a consultas, el paso previo a romper relacionesEsta es la que el miércoles reclamaba el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. En el siguiente escalón de gravedad se encuentra la "llamada a consultas", por encima de la "convocatoria", pero sigue siendo más leve que la retirada permanente. Esta herramienta de protesta supone la retirada temporal del propio embajador durante un tiempo indeterminado. Esta es una medida de presión en la que se implica paralizar la relación con el país en cuestión y se puede considerar el paso previo a la retirada permanente de este o incluso romper relaciones diplomáticas.En esta circunstancia, la embajada sigue funcionando y quien quedaría al frente sería el encargado de negocios, el cual es un funcionario que asume de forma provisional la jefatura de una misión diplomática cuando el titular está ausente.Un caso de esta medida fue cuando el presidente de Argentina, Javier Milei, cargó contra Pedro Sánchez durante su asistencia a la convención de Vox en Madrid, tildando de "corrupta" a la mujer del presidente y por afirmar que "abrir la puerta al socialismo es invitar a la muerte". Por ello, el Gobierno llamó a consultas a la embajadora de España en Buenos Aires. Romper relaciones diplomáticas, el paso más grave El último escalón en las crisis en los vínculos bilaterales es justamente su quiebre. Este es un acto unilateral, político y con efectos jurídicos que significa el cierre de todas las misiones y la repatriación de los embajadores y funcionarios nacionales. Además, es la única medida reglada en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, aunque solo regula que el Estado receptor está obligado a respetarlo en cualquier circunstancia, incluso en conflictos armados. La única vez que España llegó a este punto fue con Guatemala el 31 de enero de 1980, cuando las fuerzas de seguridad del país centroamericano asaltaron e incendiaron la embajada de España. Estas relaciones rotas duraron cinco años hasta que en 1984 se recuperaron tras el reconocimiento por parte de Mejía Víctores, presidente guatemalteco, de haber violado la propia Convención de Viena.Otra opción que tiene un Estado para responder ante ofensas percibidas es la declaración de persona non grata. Con ello se fuerza a la expulsión o prohibición de la entrada al país de uno o varios representantes de otros países.
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