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¿Sexo entre hombres heterosexuales?

¿Sexo entre hombres heterosexuales?

A través de una interpretación compleja, los participantes tienen sexo con hombres, algo generalmente no compatible con la heterosexualidad o el tradicional concepto de masculinidad

Budsex: ¿sexo entre hombres heterosexuales?El pasado 24 de agosto de 2026, el responsable de redes sociales de Adriano Antinoo decidió compartir una noticia de la web argentina Diario Mendoza Today titulada «Sexo entre hombres heterosexuales: ¿Qué es el “bud sex”?» (que puedes leer clicando aquí), de la periodista Belina Yuffrida.Se trata de un artículo bastante correcto sobre una cuestión que, sin duda, es controvertida: ¿hasta qué punto dos hombres que buscan sexo entre ellos pueden considerarse socialmente heteros?Por lo tanto, éramos conscientes de que compartirlo por redes podría provocar cierto debate (en nuestro caso, Facebook, Bluesky y Twitter). Si hoy decido compartir mis reflexiones en este blog es por dos hechos: primero, porque la mayoría de las interacciones se produjeron en una red en principio más «tranquila», como es Bluesky; segundo, por la «intensidad» de algunos comentarios, realmente sorprendentes.Resumiendo mucho, y utilizando Wikipedia para ello, «el budsex se ha clasificado como sexo entre hombres cercanos, amigos secretos y/o desconocidos». El estudio académico más citado, como hace Belina Yuffrida en su artículo, es el de Tony Silva, quien «ha estudiado este caso en un grupo de hombres estadounidenses en áreas rurales y afirma que “aquellas relaciones exentas de factor romántico que sus participantes interpretan como ayudar a un amigo son encuentros secretos y sin asociación ninguna con ideas como feminidad u homosexualidad. A través de una interpretación compleja, los participantes tienen sexo con hombres, algo generalmente no compatible con la heterosexualidad o el tradicional concepto de masculinidad”».En la misma entrada de la enciclopedia colaborativa se afirma que «se cree que su origen podría localizarse o surgir en lugares como ambientes rurales netamente masculinos o en la cárcel, donde se dan este tipo de encuentros sin que impliquen alguna atracción sentimental».La pregunta que se suscita es si un hombre heterosexual que no esté condicionado por prejuicios, propios o externos, puede buscar libremente tener sexo con otro hombre. La respuesta más lógica es que sí. Porque lo contrario sería pensar que solo el deseo o la atracción física sustentan las relaciones sexuales, cuando es obvio que muchas personas han mantenido relaciones sexuales libres y consentidas con personas hacia las que no sentían ningún deseo ni atracción.Además, el feminismo nos ha demostrado que en las relaciones sexuales también influyen dinámicas de dominio y control. De hecho, se conocen violaciones «correctivas» de hombres heterosexuales a hombres homosexuales o bisexuales (como existen de hombres heterosexuales a mujeres homosexuales o bisexuales), no centradas en el deseo o el placer, sino en el ejercicio del poder.Además, sabemos que la mayoría de las relaciones que se practican en el ámbito de la prostitución no responden tampoco, o no exclusivamente, al ámbito del deseo o de la erótica. Como señala Beatriz Gimeno, «los hombres no compran un cuerpo, ni sexo, sino una fantasía de dominio y masculinidad tradicional».Si hay hombres homosexuales (gais) que por diferentes razones mantienen de forma estable relaciones sexuales con mujeres, o mujeres homosexuales (lesbianas) que tienen relaciones estables con hombres, ¿podemos afirmar categóricamente que nunca y bajo ninguna circunstancia puede ocurrir que un hombre heterosexual busque libremente sexo con otro hombre heterosexual?Una de las reacciones que suelen describir las personas trans (binarias y no binarias), homosexuales (gais y lesbianas) y bisexuales tras visibilizarse socialmente como tales es el cuestionamiento que reciben. Que nos planteen si es una moda, si es una fase, si lo tenemos claro, si no es posible, etc., suele ser una reacción habitual, sobre todo cuando la falta de «pluma» nos ha vuelto «invisibles» al detector de la cisheteronorma.Por eso me resulta sorprendente que algunos de los comentarios que recabó la noticia en la red Bluesky (que entiendo que provienen de personas homosexuales o bisexuales) cuestionen directamente a las personas que se consideran heteros y que, sin embargo, buscan de forma voluntaria sexo con personas de su mismo género.Vaya por delante que para mí el budsex es un tema que también me suscita muchas dudas, pero para el que, afortunadamente, no tengo una respuesta simple.Hoy sabemos que el mecanismo de la homofobia interiorizada (o bifobia interiorizada, o transfobia interiorizada) nos lleva no solo a ser agresivos hacia las personas que manifiestan claramente sus disidencias sexuales, sino también a buscar complicados argumentos para no reconocer lo que se siente.Manifestarse como bisexuales para no reconocerse homosexuales y, al contrario, manifestarse como homosexuales para no reconocerse bisexuales son estrategias de sobra conocidas dentro de las comunidades LGTBIQA+. Como también lo son mostrar «cierto» interés sexual cuando se es absolutamente asexual o suprimir la «pluma» para parecer heterosexual.Estas realidades, que se nos cuestione desde la cisheteronorma o que elijamos ocultarnos bajo «etiquetas» que consideramos menos problemáticas en nuestro ecosistema social, impactan de lleno en el debate sobre el budsex. Porque, si criticamos que se nos cuestione desde la cisheteronorma, ¿quiénes somos nosotros para criticar desde una nueva «transhomonorma»?Si una parte significativa de las personas LGTBIQA+ han/hemos utilizado «etiquetas» para evitar violencias de todo tipo, ¿nos podemos permitir cuestionar pública y ácidamente lo que tal vez sea una estrategia de supervivencia en determinados espacios claramente tránsfobos, bífobos u homófobos?En mi opinión, en la mayoría de los casos, lo que subyace bajo la autodefinición del budsex es homofobia interiorizada o bifobia interiorizada, o incluso transfobia interiorizada. Pero no descarto que pueda haber hombres heterosexuales que prefieran, por distintas razones, tener libremente sexo con otros hombres.Los comentarios recibidos en la red Bluesky sobre la noticia citada al principio fueron de signos muy distintos. Desde los que utilizaban la ironía hasta los que mostraban cierta irritación ante las personas que se identifican con esta etiqueta.Entre los irónicos podemos leer algunos como: «Como no salir nunca del armario, lección 1»; «A ver, corazones: sois bisexuales, dejaos de chorradas y aceptadlo. Con lo que mola la bandera…»; «Amigos, ya os digo yo que un 0 no dais en la escala de Kinsey»; o «Las volteretas que haces para no decir que te gustan también/o los hombres José Antonio».Entre los comentarios «irritados» se encuentra el que dice: «Me “encanta” (no) porque esta (sorry not sorry) soplapollez (lol) ya llevo un tiempo viéndola y jamás “entre mujeres heterosexuales”, así que, efectivamente, no hay que ser una lince para percibir que detrás, delante y a los lados hay heteropatriarcado, homofobia y masculinidad tóxica».Pero el que más nos ha sorprendido es el que compartió lo siguiente:«Este titular es homófobo o bifóbico. No existe el sexo entre hombres heterosexuales. Hetero=Distinto. Homo=Igual. Si son del mismo sexo es sexo homosexual. Os he reportado por discurso de odio, por si esto es trolleo para llamar la atención, que paguéis el precio».Y nos ha sorprendido no solo porque muestra una ira apenas contenida, sino porque además nos enseña que el concepto de «discurso de odio» no termina de comprenderse. Cualquier cosa que no coincida con mi opinión, no me guste o me incomode no se convierte por ello en discurso de odio.Según Naciones Unidas, discurso de odio es «cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita —o también comportamiento—, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad».Y el artículo sobre bud sex escrito por Belina Yuffrida y publicado por Diario Mendoza Today no ataca a ninguna persona o grupo ni utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio.
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