La situación de las personas LGTBIQ+ mayores
Algunas personas mayores LGTBIQ+ viven solas o cuentan con redes familiares más reducidas. Otras tienen miedo de volver al armario cuando necesitan cuidados y dependen de terceras personas.
¿Qué ocurre cuando una persona que ha pasado buena parte de su vida ocultando quién es llega a la vejez? Es una pregunta que pocas veces aparece cuando hablamos de envejecimiento, residencias o cuidados. Sin embargo, para muchas personas LGTBIQ+ hacerse mayores plantea retos específicos.Quienes hoy tienen 60, 70 u 80 años crecieron, en muchos casos, en sociedades en las que ser homosexual podía significar rechazo familiar, problemas laborales, estigma social e incluso persecución. Algunas personas fueron detenidas, otras pasaron por instituciones psiquiátricas y muchas aprendieron desde jóvenes a mantener su vida afectiva en secreto.La llegada de la democracia y los avances sociales cambiaron radicalmente ese escenario, pero las experiencias de aquellas décadas no desaparecen. Algunas personas mayores LGTBIQ+ viven solas o cuentan con redes familiares más reducidas. Otras tienen miedo de volver al armario cuando necesitan cuidados y dependen de terceras personas.Una residencia puede ser un espacio seguro, pero también puede convertirse en un lugar incómodo si el personal no está formado en diversidad o si la intimidad y la orientación sexual de los residentes se consideran asuntos secundarios. Para alguien que ha tardado décadas en poder vivir abiertamente, tener que ocultarse de nuevo puede resultar especialmente doloroso.También existe una cuestión de memoria. Las generaciones jóvenes disfrutan hoy de libertades que fueron posibles gracias, en buena medida, a personas que lucharon cuando salir a la calle, crear una asociación o vivir abiertamente una relación podía tener consecuencias muy distintas a las actuales.Hablar de las personas LGTBIQ+ mayores es, por tanto, hablar de cuidados, pero también de historia. De cómo queremos envejecer y de quién queremos que nos acompañe cuando seamos dependientes.Porque una vida LGTBIQ+ no termina a los 60 años. También hay amor, deseo, amistades, nuevas relaciones, proyectos y comunidad en la vejez. Y garantizar que todo eso pueda vivirse con dignidad es también una cuestión de derechos.
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