Medio centenar de los migrantes que asaltaron Ceuta regresan a casa cada día: "No quiero morir aquí, lejos de los míos"
Más de seis semanas después de la entrada masiva de migrantes por la frontera del Tarajal, la ciudad autónoma de Ceuta sigue instalada en la perplejidad.
Más de seis semanas después de la entrada masiva de migrantes por la frontera del Tarajal, la ciudad autónoma de Ceuta sigue instalada en la perplejidad. Los vecinos (83.000 empadronados) no ocultan su malestar mientras asisten impotentes al deterioro de la convivencia. "¿Qué quieren?, ¿convertir esto en un gigantesco CETI?", se preguntan quienes empiezan a sopesar la posibilidad de abandonar el que durante décadas ha sido su hogar. Las fuerzas flaquean también entre los 'caminantes' (como se apoda a quienes accedieron irregularmente a España desde Marruecos los pasados 30 y 31 de julio). Un mes y medio después de que 80.000 personas saltaran ilegalmente la frontera, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el propio Gobierno de Ceuta estiman que entre 12.000 y 15.000 de ellos permanecen aún en suelo ceutí, pese a que el Ejecutivo de Pedro Sánchez rebaja esa cifra a escasamente 5.000. Muchos de ellos, enfermos y agotados de deambular sin rumbo, emprenden cada día el camino de vuelta. Nadie ofrece cifras oficiales de retornos voluntarios, pero el goteo es incesante en la 'otra frontera'. Un camino inhóspito de poco más de cien metros que les devuelve a la misma precariedad que intentaron dejar atrás. Quienes están destinados en ese punto (Guardia Civil, Policía Nacional, efectivos del Ejército y vigilancia privada) estiman que "entre 50 y 100 se marchan todos los días. En mi última guardia fueron 130", cuentan a este periódico. Un conteo insuficiente para resolver la crisis, pero necesario e incesante.El problema es que los 'caminantes' no pueden regresar a Marruecos por la frontera oficial, puesto que no portan documentación alguna y, aun en el caso de llevarla con ellos, no figura el registro de entrada a Ceuta, porque esta fue irregular y no se realizó por el paso fronterizo. Por eso, la salida la efectúan por una suerte de 'frontera paralela' que día y noche vigilan efectivos de la Guardia Civil en el lado ceutí, y agentes de la gendarmería en el marroquí.20minutos espera a los 'arrepentidos' en las inmediaciones de esa tierra de nadie que discurre paralela al espigón fronterizo. Ya ha caído el sol cuando aparece Hansa Rayi, un mecánico de 29 años que acaba de recibir el alta en el Hospital Universitario de Ceuta. "Me voy porque no quiero morir aquí, lejos de los míos, como he visto morir a tantos. No quiero morir sin mi familia", explica como puede mientras vomita en la acera.Su aspecto evidencia que algo no va bien. Entró a nado el pasado día 30 porque "esperaba un sueldo digno y una vida de calidad". Ahora, tras dormir días y días a la intemperie, ha enfermado y cree que "no hay solución alguna" para él en España. Si logra recuperarse, le han diagnosticado "una inflamación del esófago", confía en poder retomar su empleo como mecánico. Hansa cobraba "20 euros a la semana", una cantidad "con la que no se puede sobrevivir en Marruecos", explica. Y menos él, de quien dependen una madre viuda y otros cuatro hermanos. Pese a la precariedad, tiene claro que no volverá a intentarlo: "No volveré a cruzar".Veo que la gente de Ceuta está sufriendo y lo entiendo perfectamente, entiendo que estén molestos por la entradaAntes de irse, quiere dirigirse a los ceutíes. "Veo que la gente de Ceuta está sufriendo y lo entiendo perfectamente, entiendo que estén molestos por la entrada", se disculpa. Mientras hablamos con él, algunos otros aprovechan la impunidad de la noche para iniciar el camino de regreso a casa. Pero no solamente. También a plena luz del día puede verse a los 'caminantes' abandonar Ceuta. Es el caso de Yusuf, cuyo perfil migrante poco o nada tiene que ver con el de Hansa. Antes de cruzar, reparte lo que tiene entre su grupo de amigos. Hijo de un imán y profesor de inglés en su país, asegura que decidió cruzar tras perder el empleo. "La próxima vez que venga Ceuta y Melilla serán marroquíes", se despide de 20minutos a modo de provocación.Lo cierto es que la versión de Marruecos sobre las devoluciones difiere mucho de lo que dicen quienes cruzaron a Ceuta entre el 30 y el 31 de julio. Mientras el pasís de Mohamed VI sostiene su disposición a readmitir a los migrantes en situación irregular y afea a España que no acelere su entrega, quienes deambulan por la ciudad autónoma afirman que en su patria les consideran "traidores" y se muestran contrarios a regresar, no solo por la precariedad económica sino por el miedo a sufrir todo tipo de represalias.De hecho, quienes como Hasan y Yusuf han decidido emprender el camino de vuelta, tienen un destino incierto. Según ha podido ver este diario, un autobús espera a los migrantes al final del sendero que transita paralelo al espigón. Ya en suelo marroquí y una vez a bordo, se desconoce qué rumbo toma y qué suerte corren sus ocupantes.
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Leer el artículo completo en 20minutos - Nacional