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La opacidad de Sánchez con Marruecos dispara entre sus socios las sospechas de "chantaje"

La opacidad de Sánchez con Marruecos dispara entre sus socios las sospechas de "chantaje"

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Para algunos socios del Gobierno, que el presidente Pedro Sánchez se resista a estas alturas a señalar a Marruecos como responsable de la entrada masiva de cerca de 80.000 inmigrantes irregulares comienza a tener un motivo que antes no mentaban y ahora no se atreven a descartar: que el régimen alauí esté en disposición de "chantajear" al Ejecutivo español con algún tipo de información comprometida y que fue sustraída a través del sistema Pegasus en 2022 de los móviles de algunos de sus integrantes, entre ellos del propio Sánchez. Tanto Moncloa como Ferraz tratan de cortar de raíz cualquier especulación sobre las razones por las que el Gobierno no quiere señalar a Marruecos. De hecho, este lunes, el presidente del Gobierno dijo que "en absoluto" está siendo chantajeado por Rabat y tachó de "bulo" que este régimen disponga de información comprometedora obtenida a través de Pegasus. Hasta ahora, esa tesis había quedado prácticamente circunscrita al PP y Vox. Sin embargo, la resistencia del Ejecutivo a responsabilizar al país vecino, incluso después de que los documentos desclasificados hayan revelado indicios de pasividad por parte de las autoridades marroquíes durante la crisis de Ceuta, empieza también a alimentar los recelos entre sus socios parlamentarios.En ese contexto ha vuelto a aflorar una sospecha que sobrevuela desde hace años la relación bilateral: que Marruecos pudiera disponer de información sensible obtenida tras la infección con Pegasus de los teléfonos de varios miembros del Gobierno, entre ellos el del propio Sánchez. Es una hipótesis nunca acreditada públicamente y que el Ejecutivo rechaza alimentar, pero que algunos de sus aliados ya no descartan ante la falta de una explicación convincente sobre la prudencia de Moncloa con Rabat y su opacidad respecto a la relación bilateral.En la primera reunión de la cúpula socialista tras el estallido de la crisis de Ceuta, la crisis de Marruecos monopolizó la conversación. La consigna de Ferraz sigue pasando por no abrir, por ahora, un debate sobre responsabilidades políticas. En el PSOE insisten en que el foco debe situarse en gestionar y cerrar la crisis, y no en cómo se produjo ni en señalar públicamente a quienes pudieron contribuir a desencadenarla. Pero este mismo lunes, la candidata de Podemos a las elecciones generales, Irene Montero, dijo que ella no sabe "a ciencia cierta" si Marruecos dispone de información comprometida de miembros del Gobierno, pero que "parece bastante evidente que algo hay" y que, en cualquier caso, el régimen alauí tiene un "poder" que de una u otra manera está otorgándole el Ejecutivo. Durante la comparecencia de Sánchez en el Congreso, Podemos ya había deslizado esta tesis, y la secretaria general morada, Ione Belarra, llegó a preguntarse "qué le debe a Marruecos". Unos días más tarde, fue más allá y apuntó a que "tiene demasiada información del presidente". En privado, fuentes de Podemos aseguran que ambas dirigentes están señalado "una cosa de sentido común". "Llevamos diciendo mucho tiempo que es muy llamativa esa resistencia a señalar a Marruecos. Por algún motivo u otro no quieren apuntar en esa dirección. Lo están protegiendo", aseguran. La tesis sobre el espionaje de Pegasus siempre había sido defendida hasta el momento por la oposición y otros socios conservadores como Junts, que en las últimas semanas ha preguntado directamente a los ministros del Gobierno "por dónde los tiene cogidos Marruecos" para evitar señalarlo en la crisis de Ceuta. El que hasta el momento tampoco había expresado sus sospechas en este sentido había sido el PNV. Pero este domingo, su presidente, Aitor Esteban, apuntaba directamente a que "Marruecos puede tener algo que no conocemos que hace que la presión sobre el Gobierno español sea todavía mayor" y que, con ello, pueda estar "chantajeándolo". "No lo descartaría", apostillaba. Preguntadas por este cambio de tono, fuentes del grupo parlamentario nacionalista aseguran que es el que lleva utilizando desde el inicio de la crisis su portavoz en el Congreso, Maribel Vaquero. Esta, es cierto, ha apuntado a que el Gobierno mantiene una relación "tormentosa" con el régimen alauí, pero hasta el momento no ha dejado entrever que el país vecino pueda disponer de información comprometida. Hasta el momento, ningún socio más apunta a esta tesis, si bien algunos como Bildu, que no acostumbra a atacar al Ejecutivo en esta legislatura, ha llegado a defender que ya sea por un motivo u otro Moncloa está ejerciendo de "pagafantas" de Marruecos. En Sumar (socio de Gobierno del PSOE), aunque presionan al PSOE para que señale régimen y desde el principio defiende que está detrás de la entrada masiva en Ceuta, no quieren entrar en "elucubraciones" de este tipo. Y Gabriel Rufián, de ERC, aunque llamó "pusilánime" al Ejecutivo durante la comparecencia de Sánchez, defendió que el hecho de que este siga exculpando al régimen alauí tiene dos explicaciones: una, "conspiranoica", que estaría relacionada con que Marruecos dispusiera de alguna información comprometida; y otra, que se hubiese puesto sobre la mesa "una guerra que no pueden ganar". El PSOE resta importancia a los movimientos de sus sociosEn el PSOE conviven distintas lecturas sobre el endurecimiento del discurso de algunos de sus socios respecto a Marruecos. Una parte de los socialistas opta por la cautela, mientras que otros atribuyen esos pronunciamientos al contexto político y electoral y les restan trascendencia. "Estamos en campaña", resume una voz de peso del partido, que considera que cargar contra Marruecos "sale gratis" y permite a formaciones como el PNV marcar distancias con el Gobierno en un asunto especialmente sensible. En esa misma línea, otras fuentes interpretan estas posiciones como una forma de "salir del paso" ante la presión pública. "Marruecos es el villano por excelencia, pero es importante tener certezas", sostiene un diputado, que reclama no convertir las sospechas en acusaciones sin pruebas concluyentes. Es también la línea que marcó este lunes el presidente del Gobierno en una entrevista en La Sexta, en la que negó "en absoluto" estar siendo chantajeado por Marruecos y tachó de "bulo" la sospecha de que Rabat pueda disponer de información comprometedora sobre él obtenida a través de Pegasus. Eso sí, evitó cargar contra Aitor Esteban o contra alguno de sus socios directamente.Por su parte, el líder del PSOE de Euskadi, Eneko Andueza, cuyo partido comparte coalición con el PNV, trató este lunes de situar las palabras de Esteban dentro del marco discursivo de la derecha. "Quien consume las opiniones de la derecha y la ultraderecha corre el riesgo de contagiarse", afirmó, antes de reprocharle su "permanente costumbre" de pronunciarse sobre "todo lo que pasa en España". "Parece que echa de menos su papel de portavoz en el Congreso", ironizó.Moncloa, por su parte, evita entrar tanto al choque con sus aliados como al fondo de unas sospechas que considera carentes de pruebas. Dentro del Ejecutivo tampoco ofrecen una explicación compartida sobre por qué algunos de sus socios han endurecido ahora sus posiciones. "Eso lo deben explicar ellos", responde un ministro. Esa prudencia contrasta, sin embargo, con el tono empleado este lunes por Óscar López, que expresó su "decepción" con Aitor Esteban, de quien aseguró que le tenía "por una persona proporcionada y equilibrada", y calificó de "intolerable" que alimente lo que considera una "teoría de la conspiración".El problema político para el PSOE es que una hipótesis que durante meses había quedado prácticamente circunscrita a PP y Vox empieza ahora a abrirse paso, aunque con distintos grados y matices, entre los partidos de los que depende la mayoría parlamentaria de Sánchez. Una sospecha incómoda que tanto Ferraz como Moncloa tratan, de momento, pasar por alto.
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