El asentamiento de la playa del Trampolín se desborda en Ceuta tras el desalojo del monte Hacho, el Sarchal y el Morro
Las viviendas emplazadas a la altura del número 49, 51 y 53 de la Carretera del Recinto, en la ciudad autónoma de Ceuta, disfrutan de unas vistas privilegiadas del Mediterráneo
Las viviendas emplazadas a la altura del número 49, 51 y 53 de la Carretera del Recinto, en la ciudad autónoma de Ceuta, disfrutan de unas vistas privilegiadas del Mediterráneo. Este acceso al monte Hacho, que discurre paralelo a la costa, esconde una sorpresa para quienes, como 20minutos, se detienen en sus inmediaciones.Si se fija bien la vista, entre las rocas, en una zona escarpada y de difícil acceso, sobreviven pequeños grupos de migrantes desalojados de la montaña por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y que se resisten a trasladarse al centro de la ciudad. Allí, el asentamiento más conocido, el de la playa del Trampolín, no deja de crecer y suma a diario nuevos moradores y chabolas.Desde que se produjera la entrada masiva de 80.000 personas a la ciudad autónoma los pasados días 30 y 31 de julio, los operativos desplegados se han centrado en expulsar a los migrantes de los enclaves que ocuparon primero: el monte Hacho, el barrio del Morro, el Sarchal y Recinto. Son zonas boscosas en las que todavía pueden verse abandonados los pequeños asentamientos. Incluso hay quien trata de malvivir entre las escarpadas rocas o los cañaverales de la zona en un intento por esquivar la tensión que día a día va in crescendo en el centro y deteriora la convivencia ante la falta de soluciones.He recogido a varios grupos de migrantes, varias veces, en la carretera del SarchalEl modus operandi de muchos de los migrantes que están siendo expulsado del monte fue retirarse a estas zonas en los primeros días de la avalancha con el objetivo de no llamar la atención. "He recogido a varios grupos varias veces en la carretera del Sarchal, en el monte", explica un taxista ceutí a este diario. "Bajaban como mucho dos y el resto se quedaban. Les he llevado al supermercado, a comprar comida, y luego les he llevado de vuelta. Me han pagado la carrera, 25 euros, y han regresado al monte", explica. Sabe que muchos de ellos, que en los primeros días aún tenían los ahorros que traían de Marruecos, se mudaron antes de que el operativo militar despejara la zona. "Sé que se marcharon al Príncipe (la barriada más conflictiva de Ceuta), donde se están alquilando infraviviendas por 250 euros al mes y llegan a meterse hasta 10 personas", relata. Seis semanas después del asalto masivo a la frontera del Tarajal, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado dan casi por concluido su trabajo a pie de monte, donde a su juicio ya no quedan migrantes y, como en el Sarchal, un destacamento militar impide el acceso por la carretera a todo aquel que pretenda alcanzar la playa de la Potabilizadora, la Fortaleza o el entorno del museo que alberga, el del Desnarigado. Y no solamente. Desde el mar, una patrullera de la Guardia Civil peina la zona para evitar la llegada de lanchas neumáticas que puedan trasladar a la Península a quienes malviven encaramados entre los recovecos de las rocas previo pago de una sustanciosa suma. Tampoco puede verse ya a los migrantes en los otros enclaves que les cobijaron a su llegada. Diferentes operativos han "limpiado" la explanada del Chorrillo; las inmediaciones de la playa de la Ribera; el área de Juan de Juanes, hasta la bajada que desemboca en el antiguo túnel ferroviario; la trasera del colegio San Daniel, los callejones de Hadu y las callejuelas del Gallo."Se les ha arrinconado en el Hacho para que bajen del monte y lo estamos limpiando", resumen a este diario fuentes implicadas en los operativos. Pero la "limpieza" del que a día de hoy es el enclave geográfico y estratégico más simbólico de Ceuta ha supuesto una inesperada consecuencia: la playa del Trampolín, ya de por sí abarrotada, ha visto incrementado en pocos días el número de chabolas que la pueblan. Es más, en playa Benítez, al otro lado de la desalinizadora, han empezado a proliferar las mismas construcciones. La situación preocupa al Gobierno ceutí porque en estas instalaciones se realiza el tratamiento para potabilizar el agua que se consume en la ciudad, y ha dado la orden de desalojar este espacio por su cercanía a la desaladora. Chabolas a merced de la pleamarLos ceutíes saben que el asentamiento del Trampolín tiene los días contados, pese a que según pasan las horas aumenta el número de quienes levantan allí destartalados chamizos en los que poder cobijarse mientras ven pasar las horas. A finales de septiembre, pero sobre todo en octubre, la pleamar engulle buena parte de la arena coincidiendo con las mareas altas y las fases de la luna. En esos momentos la playa pierde gran parte de su superficie útil (25 metros de ancho por 700 de largo) y no queda prácticamente arena seca. De ahí la premura en ultimar las carpas de Los Rosales, las Lomas, el puerto o el Tarajal.Mientras llega ese momento, quienes desembarcaron antes en el Trampolín, como Hassan y Nawal, defienden sus cabañas frente a los recién llegados: los expulsados del Hacho, que levantan sus casuchas en los limitados espacios que quedan. Son tan escasos, que el campamento ya ha dado el salto al vecino arenal de Benítez, que empieza a estar también atestado. Lo que preocupa a los primeros residentes es proteger sus cabañas "de los migrantes que beben y se drogan y que están generando muchas peleas entre ellos". "Tenemos miedo, miedo de que vengan y nos las quiten", cuentan a 20minutos. Ambos cruzaron a Ceuta el 29 de julio, un día antes de que arrancara la entrada masiva. En la casa que han construido con sus manos "duermen tres personas". Soldador y pintor en su país natal, ahora buscan una "solución para subir a la Península" porque en "Marruecos no hay futuro". En cualquier caso, deberán hacerlo antes de que la pleamar y el hacinamiento acaben con el precario campamento de la playa del Trampolín.
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