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La dictadura de la infografía

La dictadura de la infografía

"Como ocurre con tantas modas, hemos pasado de Juanito a Juanón sin pasar por Juan"

Vivimos la era de la infografía. Da igual que se trate de una jornada, un informe, una ley, una estrategia, un plan de actuación o las conclusiones de un estudio. Todo tiene que convertirse en una infografía. Y, sinceramente, creo que nos hemos pasado.Las infografías nacieron para simplificar información compleja. Su objetivo era ayudar a comprender mejor determinados datos mediante recursos visuales. Pero lo que empezó siendo una herramienta útil se ha convertido en una moda que se aplica de forma indiscriminada. El problema es que muchas veces no simplifican. Complican.Basta abrir cualquiera de las presentaciones, informes o publicaciones que circulan a diario por las redes sociales. Nos encontramos con un mosaico interminable de iconos, flechas, números, colores, pictogramas, porcentajes y palabras distribuidas en espacios imposibles. La información aparece comprimida hasta tal punto que lo primero que debe hacer el lector es ampliar la imagen varias veces para intentar leerla.Una vez ampliada, llega el segundo reto: averiguar por dónde empezar. ¿Se lee de izquierda a derecha? ¿De arriba abajo? ¿Hay que seguir las flechas? ¿Cuál es la idea principal? ¿Qué es relevante y qué es accesorio? Con frecuencia, la respuesta no está clara. Paradójicamente, una herramienta diseñada para facilitar la comprensión termina generando confusión.Paradójicamente, una herramienta diseñada para facilitar la comprensión termina generando confusión.Pero hay algo aún más preocupante: la accesibilidad. Desde el ámbito de la discapacidad llevamos años defendiendo el derecho a una información accesible y comprensible para todos. Sin embargo, muchas de las infografías que hoy invaden redes sociales, presentaciones e informes son probablemente uno de los formatos menos accesibles que existen. Las personas con discapacidad visual encuentran enormes dificultades para acceder a sus contenidos. Los lectores de pantalla no interpretan correctamente la información visual. Las personas con discapacidad intelectual pueden perderse entre capas y capas de elementos gráficos. Y muchas personas mayores simplemente no consiguen leer textos diseñados en tamaños minúsculos.No se trata de demonizar las infografías. Bien utilizadas pueden ser extraordinarias. Hay datos estadísticos, procesos complejos o comparativas que realmente se benefician de una representación visual. Pero precisamente por eso deberían reservarse para los casos en que aportan valor real. Como ocurre con tantas modas, hemos pasado de Juanito a Juanón sin pasar por Juan.
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