Princesita del cuento
Yo tampoco soy la heroína paciente que todo lo entiende. A veces, soy la mujer que se cansa, la que ironiza para no llorar, la que se ríe de lo que duele porque si no se le atraganta.
No eres siempre la princesita del cuento. Y menos mal. Menos mal porque me cansan los relatos donde todo encaja, donde la poesía se convierte en prosa, las novelas para muertos tienen el amor limpito, nadie duda, las heroínas saben exactamente qué quieren y van a por ello con el pelo brillante, la conciencia tranquila y pudiendo dormir sin culpa por las noches, las muy hijas de...Resulta que tú no eres eso. Y yo tampoco. A veces, eres torpe; a veces eres egoísta; a veces, te escondes detrás de una sonrisa bonita y una frase suave para no decir lo que realmente te quema por dentro. A veces, juegas a ser delicada cuando en realidad estás huyendo. A veces, me miras como si yo fuera un refugio y otras como si fuera un incendio que prefieres ver desde lejos, por si acaso.A veces, eres eso y yo, sin querer, juzgo. A veces, me gustaría cogerte del pescuezo y gritarte bajito que tu corazón se merecía de todo menos una puñalada, que la raja te queda bien, pero no tan arriba. A veces, me sorprendo pensando en ti. A veces, me sorprendo pensando en Phil Ochs, en que nos parecemos un poquillo a sus canciones: llenas de intención, de belleza y de verdad, pero siempre un poco adelantadas a la valentía de quien las escucha, como una decepción política: mucho idealismo, mucha épica, muchas hostias y, al final, nadie se salva de verdad.Porque no eres siempre la princesita buena que sabe lo que siente. A veces, eres la que confunde, la que se deja querer sin mirar a ambos lados, la que estira la mano y luego la retira por si se pilla los deditos. A veces, te pones la corona solo para no ponerte el casco. Eso no es muy de cuento, pero sí tan humano...Yo tampoco soy la heroína paciente que todo lo entiende. A veces, soy la mujer que se cansa, la que ironiza para no llorar, la que se ríe de lo que duele porque si no se le atraganta. A veces, soy la que quiere gritarte “¿me vas a besar de una vez o te hago un croquis?” y en lugar de eso te sirve un comentario ingenioso para sacarte una sonrisa y seguir tirando.No eres siempre la princesita del cuento porque los cuentos mienten.Porque nadie te enseñó qué hacer cuando el deseo va más rápido que el valor. Y eso, a las controladoras, nos despista.Porque no hay manual para amar a otra mujer cuando el miedo todavía manda más que las ganas. Porque, a veces, el cinturón queda más noble en el lugar equivocado, ¿verdad? Que se lo digan a Phil Ochs.No todo el mundo puede permitirse ser valiente a tiempo. Y, aun así —mira qué ironía—, incluso en tus días menos agradables, incluso cuando te escondes, incluso cuando juegas a medias, sigues siendo alguien a quien quiero mirar. No por perfecta, sino por real. Por contradictoria. Por pesada. Por ausente. Por ir a tu bola. Por entender que yo también tengo mi pelota y dejarme mi espacio. Por pasarte de lista. Por dejar que me haga la tonta. Por intensa. Por cargante. Por incómoda. Por preciosa. Por no encajar en un final feliz de librería barata.No quiero que seas una princesita constante. Quiero hacerte feliz y punto. Ya estoy harta de relatos donde las mujeres esperan a que alguien las salve.Aquí no hay dragones, solo el fuego de una úlcera de Hiato; no hay príncipes, solo una lesbiana que se abanica el gatito con su etiqueta; no hay moraleja ni falta que nos hace, nos gustan los barrios obreros.Aquí hay dos mujeres intentando no hacerse demasiado daño mientras descubren que los pasos pueden ser bonitos si se dejan escuchar.Y eso no es un cuento. Eso es vida. Así que no, no eres siempre la princesita del cuento. A veces eres el borrador. El margen. La nota al pie. Las comillas angulares. Las versalitas. Y la letra capital ocupando dos renglones torcidos de un Dios que se infla a palomitas viendo el espectáculo que damos de brazos cruzados.Y, aun así —o precisamente por eso—, sigues siendo lo más interesante de mi historia. © Sara Levesque
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